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El científico Dale Manning expuso en el CEPROCOR sobre el impacto que las pérdidas de capital natural tienen sobre el sector agropecuario. Un modelo econométrico permite analizar y cuantificar estos shocks junto con las políticas más adecuadas para resolver esta problemática.
Curiosidades22/12/2022El capital natural con el que las sociedades cuentan para su desarrollo económico “suele ser gratuito”, señala el científico Dale Manning (EE.UU.). En este sentido, la pérdida de la biodiversidad pocas veces es observada desde su valor económico y aporte a la producción.
Si se analiza cuánto ofrecen los servicios ecosistémicos al desarrollo productivo, es posible comprender que los impactos en la naturaleza no sólo son un problema ambiental sino que tienen también participación y costos en la economía productiva inmediata.
Medir estos impactos con modelos econométricos puede facilitar la toma de decisiones en materia de política ambiental y también de desarrollo económico. Sobre esta temática el científico disertó en el CEPROCOR con la conferencia “Análisis de políticas y shocks naturales en el sector agropecuario”.
Este tipo de trabajos científicos de carácter interdisciplinario intenta vincular las decisiones y el valor económico con modelos y datos de sistemas físicos, por ejemplo: un modelo del agua subterránea (MODFLOW); el crecimiento de productos agrícolas con el riego (AQUACROP, DSSAT); las emisiones de gases de efecto invernadero de la producción agrícola (DayCENT).
De esta forma, se evalúan y diseñan políticas en los sectores que dependen de recursos naturales, principalmente la agricultura. Ejemplos de ello son políticas de conservación de agua o la acumulación de carbono en el suelo y la reducción de emisiones de óxido nitroso (N2O).
“Entender los impactos del cambio medioambiental, diseñar políticas para mejorar el uso de los recursos y facilitar la adaptación a los cambios (probablemente) inevitables”, son algunos de los objetivos que el científico se propone con su trabajo de investigación.
Los murciélagos no tienen precio
La naturaleza brinda lo que se denomina “servicios ecosistémicos”. El ser humano puede obtener bienes como alimentos (producción agrícola o pesquera), material genético o materia prima para diversos usos.
También son fuente de beneficios culturales (recreación, turismo) y ambientales (purificación del agua, control de erosión, contención de inundaciones). Estos servicios ecosistémicos proceden de un “Stock Natural” en suelo, bosques, agua, fauna, flora, minerales, hábitats, clima, y los ecosistemas en conjunto.
Los murciélagos brindan un servicio esencial: el control natural de plagas, entre otros. Mediante un estudio econométrico se concluyó en que las políticas de conservación de la especie son rentables, en función del aporte que realiza al sector agropecuario analizado en Estados Unidos.
En uno de sus trabajos, Manning se dedicó a estudiar la relación entre el ecosistema con la economía productiva; a cuantificar el valor de cierto servicio ecosistémico. En particular, analizó la vinculación entre el ecosistema que posee murciélagos con la producción agropecuaria.
Uno de los servicios ecosistémicos que ofrecen los murciélagos es el control natural de plagas. Otros, en menor medida, son la fertilización de los suelos y la polinización. Esto significa que generan un beneficio en la ganancia neta de la producción agrícola.
En 2006 llegó desde Europa a Estados Unidos una enfermedad: el síndrome de la nariz blanca (WNS por sus siglas en inglés) sumamente contagiosa y letal para los murciélagos. En 2011 se describió una disminución de un 80% en la población de murciélagos en estudios de caso.
A partir de esta situación, se analizó el valor de los servicios ecosistémicos perdidos en el sector agrícola, ante el colapso de las poblaciones de murciélagos.
El estudio recientemente publicado(1) permitió comprender que los ecosistemas o el “stock natural”, proporcionan insumos valiosos a la economía, pero suelen considerarse gratuitos. A modo de ejemplo, los murciélagos brindan un servicio gratuito de control biológico de insectos. La falta de precios para estos servicios complica su valoración y a veces eso determina que la economía de mercado sub-invierta en su conservación.
La investigación sobre la pérdida de los murciélagos desde una perspectiva econométrica permitió comprender que estos bienes tienen un costo económicamente significativo para la agricultura (en este caso, de los Estados Unidos) y representa un ejemplo de la importancia económica del stock natural/ecológico, sin precio en el mercado.
La evidencia demostró que la pérdida para la agricultura estadounidense se produjo, en gran parte, por la falta de ese “servicio” de control natural de plagas que proveían estos mamíferos alados .
Encontraron que los beneficios económicos de los murciélagos rondan un promedio de entre $565 y $657 mil dólares por condado, por año. Ante el colapso, “el costo de su pérdida sería todavía mayor si se considerara a nivel económico el impacto del uso de plaguicidas no naturales en la salud de los infantes que viven en la zona; la pérdida de murciélagos en peligro de extinción, o los impactos en los precios de los productos agrícolas”, explica Manning.
Esto justifica los costos asociados a políticas de control de la enfermedad que amenaza a los murciélagos. Se estimó una inversión promedio de entre $9 y $18 mil dólares por condado, por año, cifra muy inferior respecto del beneficio económico que aportan estos agentes naturales en la producción agrícola.
Finalmente, el científico estadounidense resaltó la importancia de establecer mayor colaboración entre economistas y científicos de las ciencias naturales para conocer mejor el capital proveniente de los ecosistemas y valuar económicamente los servicios ecológicos que brinda. La información que se deriva de estos estudios permite a su vez analizar las políticas implementadas o el diseño de nuevas acciones, para un mejor manejo de los cambios o alteraciones que se produzcan y su impacto en las economías.
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